4/13/2006

NADADORA LEE: Adiós a la época de los grandes caracteres, de Abraham Gragera, Pre-textos, 2005


Últimamente la poesía actual tiende a construirse de un modo abierto, sin chatas ataduras estéticas, o parciales poéticas autoimpuestas. Es evidente, pues, que la poesía reciente muestra las primeras tentativas de una necesaria independencia, de búsqueda incasable de nuevos espacios y territorios, y de una renovada reflexión crítica. Y esto es ya evidente en la misma arquitectura de algunos libros, como en el caso del esperado libro de Abraham Gragera Adiós a la época de los grandes caracteres, recientemente publicado por la editorial Pre-Textos. El título ya nos pone sobre la pista de la vivencia de un tránsito o un límite. ¿Habrá una bienvenida tras ese adiós anunciado por el poeta? ¿cuál es ésa época? ¿cuáles esos grandes caracteres? Un primer pensamiento nos lleva al terreno de la filosofía. Es decir, al adiós a los grandes relatos como anunciaba la teoría filosófica del último tercio del siglo pasado; adiós a las nociones esencialistas de la realidad, al aura irrepetible de la obra, a la racionalidad puramente objetivista, al absolutismo de la razón, de la verdad, etc. ¿Pero es ante eso donde nos sitúa el poeta? ¿Son esos los grandes caracteres? No hay una respuesta sencilla, y creo que un objetivo tan ambicioso propio de filósofo sistemático no estaba en la mente del poeta. Pero hay algo más. Una lectura entrelíneas del título nos pone en el camino de una posible propuesta ironista. ¿Cuánta ironía cabe en un simple gesto de despedida?
Creo que en el libro de Gragera se conjugan ambos movimientos hacia dentro y hacia fuera del poema. Así lo observamos en los doce poemas que como un único andamio soportan la fuerza del libro. Desde ese fugaz y tenso inicio: “Aún es pronto, demasiado pronto para el ojo / pero tarde, muy tarde ya para el pensamiento”, hasta el fascinante e hipnótico Sobre el amor que cierra el libro, el poeta nos lleva de la mano por derivas donde la realidad queda en suspenso, en el aire, y uno lo va leyendo sin posibilidad de asidero. Los referentes caen, decimos adiós con el poeta, y vivimos arrojados, como indica Gragera en el poema que da título a libro, en esa novela abierta “donde nada ha sucedido aún”. El poeta, pues, nos invita vivir continuadamente en un espacio entre, de tránsito, sin lugar preciso (tal vez la única forma vivible). Por ello sostiene “Ah la realidad / no se puede / permanecer en ella ni intentar / ir más lejos”. El sujeto poético vive así, en su gesto de despedida, entre el ya-no de una experiencia y el todavía-no de otra realidad esperable; “Como la luz / que es lo que es / porque no cabe”. Así la escritura se dibuja como una mediación. La nostalgia (ese regreso-doloroso, nostos-algion, en su sentido etimológico) es la factura y la fractura en la que se sitúan estos poemas, y por extensión el poeta y el lector. Decir adiós es siempre, como intuye el poeta, vivir en una frontera.

1 Comments:

Blogger Tinta Indeleble said...

hola, os hemos añadido a favoritos www.huellaindeleble.blogspot.com un saludo!!!

5:25 p. m.

 

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